Dago Tok

"La nostalgia no tiene nada de glamour"

A vueltas con los discos.

agosto23

La semana pasada era una semana importante en el trabajo.

El proyecto de la nueva web de cierto ministerio que tiene los días contados tenía su primer hito.

(Cuando uno planifica un proyecto se establecen ciertas fechas de entrega de material al cliente, aunque sean entregas parciales. Algo así como demostrar que estás haciendo algo útil. A estas entregas se les llama hito)

Así que el jueves el cliente debía tener en mano un CD con la primera versión del portal web.

El miércoles mi PC murió. Se puso azul desde primera hora de la mañana y no pasó de ahí. No hubo forma de recuperar ni un sólo archivo del disco duro. No fue una gran pérdida: el día antes había hecho una copia de seguridad en el servidor central del proyecto.

Viendo el percal aproveché el miércoles para  hacer una copia de seguridad del servidor en otro PC que ocupé por ahí.

El jueves, mientras  hacían la copia del CD que debía tener el cliente ese mismo día, el disco duro del servidor decició romperse también. Escenas de drama, gerentes con las manos en la cabeza diciendo “gensanta”,  “maredelamorhermoso” y cosas así. Se había perdido el trabajo de dos semanas, aparte de que incumplir el primer hito de un proyecto, que suele ser una mera formalidad, queda feo.

Entonces me metí en el baño, me puse las mallas y el antifaz (para proteger mi identidad secreta, por supuesto) y ya, vestido como Capitan Backup, acudí al rescate de los necesitados…

No, realmente en medio del drama y del “gensantismo”, levanté el dedito y dije “yo tengo un backup de ayer”.

Los gerentes se alegraron mucho y para agradecerme haberles evitado un problema me dejaron reinstalando el servidor y recuperando el backup mientras ellos se iban a tomar café. Son tan majos…

Así las cosas el viernes ya estaba todo recuperado y el servidor iba mejor que antes, porque claro le han puesto un disco duro que no tiene grietas ni está sujeto con cinta aislante y eso, quieras que no, se tiene que notar.






Y hablando de discos duros… ¿sabéis el chiste del PC que le dice a la impresora si le enchufa el USB, la impresora que dice que no, que tiene un virus, y el PC le dice que qué lástima porque ya tenía el disco duro? Pues es mentira, los PCs y las impresoras no hablan.

De vuelta

junio29

Ya se por qué hay tanta gente sin hacer nada en la oficina: estaban guardando todo el trabajo para mí.
Día 1
Primero encontrar mi mesa: Estaba en otra planta.
Luego encontrar mis pertenencias. Metidas en una caja dentro de un armario en otra planta.
Finalmente conseguir entrar en el ordenador. Las claves estaban tan tan tan caducadas que me las han tenido que desbloquear tres veces.
Hablo con mi jefe: me da la documentación de mi próximo proyecto, otra web para otro ministerio. La toma de requisitos para la semana que viene. Tengo que estudiar, porque son tecnologías nuevas.
Hablo con mi gerente: me da dos cosas urgentes para hacer.
No hablo con nadie más no vaya a ser que me den más trabajo.
Intento terminar algo, pero me he pasado la mitad del día solucionando problemas del ordenador.
Día 2
Empiezo con lo de ayer. Sigo sin terminar nada.
Hablo con el gerente de nuevo. El jueves necesita que vaya a otro cliente a hacer otra toma de requisitos para otro proyecto pequeño. Además tengo que coger a cuatro programadores reciclados (vamos que les han dado un cursito y poco más) y hacer el proyecto con ellos.
La próxima vez que alguien con corbata quiera hablar conmigo de nuevo prometo gritar.

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La confirmación

junio24

Previusly on Dagotok: Mi responsable de cierto ministerio me comenta off the record que mi empresa ha perdido el proyecto y me tengo que ir. Mi empresa calla.

Correo electrónico del gerente: La próxima semana imputad las horas al proyecto SA010201

Yo haciéndome el loco: Ese proyecto es de desasignado, no? Hay algo que no me hayáis contado?

Llamada del gerente: No ha hablado Pepín (mi jefe de proyecto) contigo????

Yo mintiendo: No, no sé nada.

Discurso del gerente: Circunstancias han cambiado… blablabla… oportunidad profesional… blablabla… sinergias… blablabla… nuevo proyecto… blablabla…

Yo resumiendo: Vamos que habéis perdido el proyecto y me tengo que volver a la oficina, no?

Gerente con la cabeza baja: Sí.

Así que aquí acaba mi etapa en cierto ministerio. Han sido unos meses interesantes, tranquilos, en los que he conocido a bastante gente muy maja y he aprendido bastante, además de comer todos los días de menú por 3,45€.

Creo que voy a echar de menos esto…

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Se acabó lo que se daba

junio23

Después de 8 meses se acaba mi estancia en cierto ministerio. Se suponía que iba a estar aquí por lo menos hasta fin de año. Eso me dijo mi jefe.

Una vez acabada la primera fase del proyecto y las semanas de mantenimiento, esperábamos que autorizaran la segunda fase. Estaba claro que la haríamos nosotros: el cliente estaba contento y el proyecto había salido casi perfecto y en plazo (algo raro raro raro).

El comercial hizo su oferta. En el ministerio cogieron la oferta, la copiaron e hicieron su concurso (cosas de la burocracia) de forma que mi empresa se quedara con el proyecto fácilmente, como querían todas las partes. Pero en algún momento el comercial o mi jefe la cagaron e incumplieron una cláusula y se lo llevó otra empresa. Hay que ser tontos, es como tirar un penalti sin portero y acabar tirándola fuera (he puesto un ejemplo futbolístico, creo que esto del mundial me está afectando demasiado).

Así que según el responsable del ministerio esta es mi última semana aquí. Mi jefe no me ha dicho nada, me imagino que vendrá un día y me mandará de vuelta a la oficina. Otro verano sin proyecto en la oficina. Siete horas diarias de internet y cafés varios…

Bueno, a lo mejor no está tan mal…

Intentando evitar que me estalle la cabeza

abril13

Mi jefe me dijo que estos meses en los que iba a estar sólo en cierto ministerio haciendo el mantenimiento del proyecto me iba a aburrir y que me planteara estudiar algo o terminar la carrera.

Llevo apenas dos semanas aquí de nuevo y por el momento no sólo no me he aburrido sino que incluso ayer tuve que malcomer en mi mesa un sandwich que se suponía que era de queso, bacon y huevo (se suponía, aunque también podría haber sido de col fermentada y no hubiese notado la diferencia). Hoy voy por el mismo camino.

Y yo aquí, con mi síndrome permanente del impostor, intento arreglar una aplicación que no se si tiene arreglo, con la presión constante del jefe de desarrollo web de cierto ministerio, que no hace sino trasladarme la presión que recibe del gabinente de cierto ministro y de cierto bufete de abogados que no tienen otra cosa que quejarse de que fallan cuatro enlaces en la web.

Si ya lo decía mi abuela: “estudia derecho que eso de la informática no tiene futuro”.

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Los vampiros emocionales

abril8

Hay gente negativa, pesimista, que siempre se ponen en la peor de las posibilidades, cuyos mayores enemigos con ellos mismos y que son incapaces de disfrutar de la vida por preocuparse de cosas que no tienen arreglo o que no depende de ellos.

Luego hay vampiros emocionales. Gente que te quita las ganas de tener ganas (gomaespuma dixit). Con su actitud, sus comentarios, su lenguaje corporal, su cara de asco permanente, sus “esto es una mierda”, sus manías persecutorias y su obsesión con que todo el mundo está equivocado menos ellos o que toda la gente es mala menos ellos (y los que ellos decidan que merecen ser salvados, que normalmente no son más de dos o tres personas).

En la oficina tenemos una chica así. Ella antes era jefe de proyecto (eso dice, pero tengo mis dudas) pero ahora es una simple técnico de pruebas (con mis respetos a los técnicos de pruebas). El caso es que está todo el día diciendo lo mierda que es todo, lo mierda que es la empresa, lo mierda que son sus compañeros…. vamos que tiene todo el día la boca llena de mierda.

El otro día comí con ella, bueno con ella y con cinco personas más. No es que hablara mucho con ella, pero la tenía enfrente y su cara de asco permanente y su tono de voz prepotente me quitaron la positividad que tenía. Luego me enteré que había estado en cierta compañía telefónica en la que yo también estuve un montón de años, así que intenté usar eso como inicio de la conversación, por aquello de romper alguno de los incómodos silencios que se creaban gracias a su actitud. Imposible. No conseguí sacarle más de cuatro palabras juntas. Luego empezó a despotricar de la empresa, que digo yo que todos sabemos que nuestra empresa es más bien una caca, que nos pagan mal, que no tenemos proyectos interesantes, que hay mucha gente idiota… pero si tan incómoda estás cambiate de empresa o pide un cambio de proyecto. Porque lo mejor es que hablando en petit comité con nuestro nuevo gerente me contó que ella dice que está contenta aquí. ¿En qué quedamos? ¿Estamos mal pero no queremos dejar de estar mal? ¿Es eso masoquismo? ¿Miedo a cambiar de empresa? ¿Es de las que piensa que mejor malo conocido que bueno por conocer?

Así que si conocéis a algún vampiro emocional alejaos, no intentéis dialogar con ellos, no os servirá de nada y por el camino os iréis convirtiendo. Cuando alguien critique a todo el mundo sospechad: es más fácil que esa persona sea mala que lo sea el resto de la humanidad. Es una cuestión de matemáticas.

Improvisación

marzo24

Otro post temático laboral y prometo que será el último en una temporada porque ya estoy tan cansado como seguramente estéis vosotros.

Sólo 48 horas después de mandarme de vuelta a la oficina “definitivamente“, de prometerme nuevos proyectos, de “estudiate esto por si sale el nuevo proyecto” y de “no creo que vuelvas al ministerio“… pues me dicen que vuelvo y para una buena temporada.

¿Así cómo coño quieren que no me dé la impresión de que están improvisando?

Y estar en manos de gente que improvisa da un poco de miedo.

Así que a partir de ahora volveré a postear desde cierto ministerio, comeré por menos de tres euros y medio y volveré a coger el metro todas las mañanas. Al menos hasta que a alguna mente pensante le dé por improvisar de nuevo.

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Síndrome del impostor

marzo23

Aunque pensaba que me iba a quedar en cierto ministerio pa los restos ayer a última hora me dijeron que tenía que volver a la oficina principal.

Una vez de vuelta vuelvo a estar entre proyectos y de nuevo con la incertidumbre de mi futuro próximo.

Leí en un blog algo acerca del síndrome del impostor: cuando te encuentras en un sitio y tienes la sensación de no pertenecer a ese sitio, de no estar a la altura, de que los demás esperan algo de tí que no puedes dar. Eso mismo me ha pasado cada vez que he cambiado de proyecto.

La primera vez con razón, porque si yo había adornado el currículum, mi empresa, para que el cliente me aceptara, directamente se lo había inventado. Así que me pasé meses en tensión pensando que cualquier día descubrirían el pastel.

La segunda iba sobre seguro, puesto que ya tenía experiencia, pero luego me ascendieron y esa presión se unió a la de no defraudar a mi ex jefa que había confiado en mí al proponer dicho ascenso.

Los demás un poco más pasota pero siempre inseguro, sobre todo si te vuelven a mandar a un cliente nuevamente con currículums creativos y a trabajar en una  tecnología que conoces de dos tardes en las que te leíste un manual.

Luego todo pasa y uno se da cuenta que no era para tanto.

Uno se lleva unos estreses más tontos…

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Resistencia al cambio

marzo18

Hoy acaba oficialmente mi proyecto en cierto ministerio. Aunque no me voy: creo que estaré aquí muchos meses entre el mantenimiento y la segunda fase.

Llevamos ya varios meses con la web habilitada y todo muy bien aunque tenemos unos usuarios especialmente quejicas.

Algo con lo que tenemos que lidiar (aparte de los usuarios que no saben lo que quieren) es con la resistencia al cambio de los usuarios. Porque da igual que les digas que van a tener una web super bonita, que van a tenerlo muy fácil para editar sus contenidos, que no van a notar apenas que estamos trabajando…  ellos siempre se quejarán. Prefieren tener una web digna de los 90 que ya conocen a cambiar y tener algo moderno, útil y actual que tienen que aprender a usar.

Esto no es una novedad, pasa en todos los sitios. En un proyecto anterior en cierta compañía telefónica hicimos una aplicación que gestionaba el ciclo de vida de sus propios proyectos de forma que evitaran el trasiego de documentos word de varios megas de tamaño vía email entre ellos o, peor aún, que tuvieran que enviar los documentos impresos de un área a otra en mano, por correo o por mensajero. Con algo tan útil para ellos lo normal es que estuvieran encantados pero un año después de instalada la aplicación seguían utilizando el método tradicional. La razón que nos dieron es que se habían acostumbrado. Vamos, como si mi abuela siguiera bajando al río a lavar la ropa como se hacía hace décadas en lugar de poner una lavadora.

El caso es que mis usuarios se resisten mucho, y más tiendo en cuenta que la mayoría de ellos superan ampliamente los 50 años y no están muy por la labor de aprender cosas nuevas.

Así que se me quejan de todo. Y lo peor es que aprovechan cualquier mínimo error (estamos probando y es normal que todavía haya errores, que para eso se hacen las pruebas) para quejarse y decir que todo es una mierda.

Falla una página (porque no la hemos terminado): es una mierda.

Falla otra página (porque alguno de ellos la ha hecho mal): es una mierda.

Se cae el servidor (porque se ha ido la luz en el CPD): es una mierda.

Da igual que tengamos la culpa o no, que fuera un error que llevan arrastrando dos años y del que nunca se habían quejado, que tengan que hacer las cosas de otra forma porque la forma anterior era incorrecta…. todo al final es una mierda y hemos venido aquí a hacerles la vida imposible porque somos unos sádicos que encontramos placer sexual en cambiarles un botón con una equis en azul, por un botón con una equis en rojo.

Tomando requisitos

marzo9

Una de las tareas más tediosas que tengo que hacer a diario en mi trabajo es averiguar qué quiere el cliente (a esto se le llama en informática toma de requisitos).

En principio debería ser fácil. Algo así como preguntarle qué quiere y que te responda de una forma que deje claro qué es lo que quiere. No hablemos ya de “detalles” tan nimios como en qué tecnología lo quiere, quién lo va a usar, cuantas personas, para cuando lo quieren…

En los 9 años que llevo trabajando como informático ni una sola de las veces el cliente tenía claro qué quería. No es que tuviera una idea aproximada y no tuviera muy claro el resultado final, cosa que sería normal ya que la mayoría de mis usuarios no son informáticos. El hecho es que muchas veces hemos empezado el proyecto haciendo una cosa y lo hemos terminado haciendo otra completamente diferente.

El otro día me pidieron una aplicación, concretamente un formulario para que la gente se inscriba a un curso.  Por supuesto era urgente: si tienes tres meses para repartir una tarea lo mejor es esperar a la última semana del último mes para dárselo a quien tiene que realizarla.

Cuando lo tengo terminado lo entrego. Y llegan las pegas… que si esto mejor no, que si añadimos estos campos que total son sólo dos campos y no te va a costar nada (para muchos usuarios entre una bicicleta y un coche sólo hay unas “pequeñas” diferencias y convertir una en otro no te va a costar nada), que si ahora que la aplicación me mande un correo, luego que mande copias a medio ministerio, luego que mejor base de datos no porque no cumple la LOPD…

Y el resultado final, claro, tiene poco que ver con lo que me dijeron en un principio que hiciera.

Aunque para casos absurdos el que tengo la semana que viene: resulta que el año pasado hicimos un proyecto pequeño, lo probamos y lo entregamos. Nueve meses después  deciden que quieren probarlo ellos para empezar a usarlo. Les monto un pequeño entorno donde puedan probarlo y lo envío. Pasan los días y no dicen nada. “Estarán entretenidos probando” pensamos nosotros. Luego nos llega el correo: “No hemos conseguido recordar en qué consistía el proyecto y necesitamos una reunión para que nos recordéis qué queríamos“.

Creo que mi carcajada se oyó en todo el edificio.

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